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Terra
La Coctelera

Tú. (Será por algo...)

Sigues por la vida con tu paso lento,
tu cabello negro
y tu sonrisa a medias,
--irónica, nerviosa, enjuta--
en tu bonito gesto.

Marchas por el laberinto del vericueto,
de la senda infinita,
de la palabra en esbozo
--debíl, hermosa, coqueta--
en tu labio presto.

Corres por mi corazón,
sonrisa y palabra quedas,
para alojarte en su justo centro.

Dime que no es cierto

Dime que no es cierto.
Júrame que el cielo no es el cielo,
y que tu cuerpo estará siempre entre mis besos.
No desdigas mis dichas; no enturbies mis deseos.
Ahora, en este instante, dime que el aliento que nos une
permanece cálido entre nuestros gestos.
Júrame que la caricia persiste, y que el ardor atrae;
pídeme aquí que el deseo venza, que acerque el instante
en el que espacio y tiempo se funden
teñidos en un sólo ser amante.
No quiero saberlo. Dime que no es cierto.
Júrame que la noche que no cesa brilla en el infierno,
y que la música honda del son armónico yace entre los restos.
No desdigas mis dichas, ni empañes mis recuerdos.
Aquí y ahora, con tu decidido talante, dime que tus ansias
sólo enlazan nuestros místicos sueños.
Júrame que el tacto sobrevive, y que el mohín contrae
muecas dulces en tu semblante,
que el mundo perdura entre los cuatro maltrechos confines
de los mundos perdurables.
No quiero saberlo. Dime que no es cierto.
Júrame que existe un mundo en el que el cielo barre este suelo
por el que nuestros cuerpos pisan paso a paso el umbral,
y que el matiz sonrosado y triste de tu rostro resucita
en la dulce y cálida sonrisa.
Júrame que el reloj mantiene un instante incesable,
y que nuestros universos giran en diez pasos,
y que un baile de fiesta matiza el ritmo vivaz de nuestos hechos.
Júrame que la estrella sobrevive en ese desierto paraíso,
y dime que no es cierto.
No quiero saberlo.

Poética, a modo de fracaso

Ayer me pregunté:
¿Qué es poesía?
Palabras, pensé. ¿Palabras?
Silencio, pensé. ¿Silencio?
Pensamiento
--¿seguro?--
Sentimiento: no tanto.
Juego (¡No, tonto!)
¿Fray Luis y Quevedo
o Costafreda y González?
... ¿o Juan Ramón, sin duda?
¿Yo? ¡Ni soñar! Donde San Juan y Aleixandre estén.
¿Manrique? ¡Quizás!
Cernuda está bien, Gimferrer no mal.
Juego (de lenguaje).
Pensamiento. Palabra.
Silencio. Sentimiento.
Poetas.
Eso no es todo --dije.
La poesía es más.
Me he resistido siempre, lo confieso;
hasta la rebelión llegué, en ocasiones,
pero tendré que afirmar, con Bécquer
que
¿Qué es poesía? ...
¡Protesto!

Sin título: "Amor después de vivir"

Amar después de vivir,
morir después de amar.
(Quevedo, me gustas un montón)

Sin título: "A las siete de la mañana..."

A las siete de la mañana,
inevitablemente,
sonará el despertador.
Me levantaré
y emprenderé la desordenada
ruta hacia el cuarto de baño;
bajaré cuarenta y cinco peldaños
de una escalera que desciende al infierno
y, entre sonido de ondas furiosas que calientan
el vaso de leche,
las tostadas emergerán de su obstinado escondite.
Las comeré con desgana. Me lavaré, Me vestiré.
Emprenderé el ascenso de cuarenta y cinco peldaños de una escalera
que no conduce al cielo.
Cogeré, ordenadamente,
las llaves del coche, la cartera, el monedero y el portafolios.
En coche, recorreré los seis kilómetros que separan mi vida
del trabajo.
Encontraré rostros adolescentes dormidos, mientras, dormido yo,
destrozo sin convicción sonetos de Góngora y Garcilaso.
Hambriento, emprenderé el retorno a Ítaca,
mientras en mi camino se cruza un gato... pardo.
Engulliré una comida descongelada en hornos técnicos que no sospechaba
Heráclito.
Bajaré
quince escalones,
y leeré un ensayo:
(¿Es Espronceda un buen romántico?).
Lo abandonaré a medias, y meteré las narices en el
Réquiem de Pepe Hierro. Me emocionaré quizás.
Anhelaré lo absoluto y pretenderé contemplar desórdenes
angélicos.
Abandonaré mi ¿trabajo?
(¿Olvidaré apagar la luz?)
Enterraré mis ojos veinte segundos
escasos
en la contemplación mística
de dos tubos fluorescentes en la cocina.
Morderé con desgana unos trozos de fruta
y echaré una cucharada
y media
en un yogur natural.
Iniciaré el proceso de ascensión
(no conté el descenso; más que nada, no quiero
molestar).
Frotaré mis dientes con afán, y, sobre todo,
con un poco de pasta de dientes.
Abriré despacio la cama. Apagaré la luz.
Y entonces,
con la luz entornada que brota entre la persiana,
veré de nuevo tu rostro,
tus ojos que me miran tiernamente,
y quizá,
entonces,
me duerma queriendo despertar un día más.

Un día en una vida

Escribo “Miércoles”. Pero es sábado.
Deseaba mentir, crear un estado de ánimo.
También escribo “El ilustrado contar
de los viejos rebeldes”.
Pero lo cierto es
que estoy en mi casa, delante del artefacto
eléctrónico, y que sólo escucho la voz
de los desórdenes angélicos.
Miento y escribo. Y a la vez hablo.
“La mirada de tu piel reverdece mi sonrisa”.
Y estoy solo. Me encuentro solo. Recordando.
"Y en la roca volaba espuma,
y un mar incestuoso brotaba por dentro".
Y estoy tierra adentro, más solo que la una.
Soñando con un mar que no veo.
Esta mente mía es un caos (sinsustancia, me llamaba mi madre).

Me engaño a mí mismo: cojo un poema
que escribí hace diez años. Le cambio
dos palabras,
tres comas,
omito cuatro versos (malos, muy malos).
Y pulso al botón "enviar". A ver qué pasa.

Los días y los días

Hoy he pasado por la luz de la mañana
como el cubo por el brocal de las sombras.
Me he dirigido hacia mi rostro en el espejo
y me ha devuelto una imagen gastada
que no cesa de dar la razón al tiempo.

Mi comer inútil se ha detenido pausadamente
en la quinta patata frita que acompaña
al quinto bocado de un filete
poco hecho, como mi vida.

La tarde de letargo y siesta, la pantalla de un televisor,
la cena y el correo.

Una mirada por la ventana va percibiendo
el tránsito de la transperencia al espejo.
Otra vez el juez, el puñetero juez de mi cerebro.

Y el resultado final, ya lo sabéis.
Dormir un día más
aferrado firmemente
a la almohada y al mundo.
Para no caerme.
Para soñar.
Para esperar otro día, y un espejo nuevo.

Ansiedad

Siento hoy una sensación extraña,
un tic furioso en el párpado izquierdo,
un aletear de mi corazón, algo desbocado,
descompuesto el gesto.

El aire me falta y no me falta,
la cabeza me oscila por dentro,
me levanto de súbito,
me niego a morir sin reto.

Pongo una mano en el pecho,
la otra en la frente,
suspiro y respiro,
me inclino y me siento.

Me tumbo en un sillón.
Tengo calor, y abro la ventana.
En posición, espero el frío y la cierro.

Respiro ocho o nueve veces, lento,
muy lento: es un consejo médico.
Me engaño a mí mismo, y de nuevo me siento.

Finjo ver la tele,
compruebo mi visión leyendo,
decido ir a la cama,
pero no duermo.

Me resisto a dormir por si durmiendo
mi cuerpo me engaña y
no despierto.

Al fin llega el mañana,
y aquí estoy de nuevo,
ansioso de que la ansiedad
no llegue.
Eso espero.